Ir al contenido principal
Decálogo I: Normas indispensables para educar en positivo
.jpg)
- Saber siempre que nosotros somos
el adulto y situarnos en dicho papel. Pero esto no quiere decir que se
use el “porque yo lo digo”, sino
que nosotros somos quienes debemos guiar a nuestro hijo, indicarle que el
lo adecuado y que no lo es, y explicarle por qué, pero adecuando el
lenguaje a la edad del niño.
- Hablar sin perder la calma y sin gritar. Los niños son fuentes insaciantes de atención
y, aunque a nosotros nos resulte extraño, gritar es prestarle una gran
atención, aunque gritar no parezca que pueda ser muy agradable, si es una
manifestación explícita de atención. Prestarle atención es el mayor refuerzo
que podemos darle, por lo tanto, si no queremos que haga algo, no le
prestemos atención. Con una frase como “cuando dejes de hacer eso te escucho” es más que suficiente.
- Ser consecuente. El niño debe saber las consecuencias de sus
acciones, y siempre se tienen que cumplir, tanto si son positivas como
negativas. Decirle que si estudia 3 horas, podrá jugar a la consola 1h y
luego no cumplirlo, hace que el niño aprenda que da igual que se esfuerce,
que las recompensas no se ganan con esfuerzo sino mediante el azar. Cuanto
más pequeño sea, el refuerzo tiene que ser más inmediato.
- Asegurarnos que cuando le estamos hablando, nos está prestando atención. Si es un niño pequeño, debemos
acercarnos a él, ponernos a su altura, cara a cara y hacer que nos mire.
Si ya es más mayor, intentemos no hablar de habitación a habitación: no
cuesta nada acercarse donde está nuestro hijo para hablarle.
- Desterremos el verbo “ser” para referirnos a nuestro hijo. Es mejor
decir “el cuarto esta desordenado” a “eres desordenado2. La razón de esto
es para no asignarle etiquetas. Las etiquetas hacen que nos creamos que no
podemos hacer nada para evitar comportarnos de una u otra forma (“si soy
así, soy así, no puedo hacer nada”). Si hablamos del problema concreto (“la
habitación está desordenada”), tengo la posibilidad de cambiarlo y darle
una solución.
- Aceptar a nuestro hijo tal y
cómo es. No lo comparemos, ni con sus
hermanos ni con otros niños, ya que puede entender que tú deseas que él
sea diferente. Nuestro hijo tendrá sus virtudes y defectos, sus aspectos
característicos, etc. Puede que a veces pensemos que si fuera algo mas o
algo menos le iría mejor, y le estemos presionando para que haga más
amigos, o le guste más los deportes. Pero entonces, mirémonos a nosotros
mismos, y preguntémonos si nos gustaría que nos intentaran cambiar. La única forma de que a nuestro hijo le
vaya bien en el futuro y sea feliz es que sepa como es y se acepte, y para
ello necesita que sus padres le acepten tal y cómo es.
- Debemos fomentar la autonomía
en nuestros hijos. Deben hacer cada vez más cosas solo, como vestirse,
poner la mesa, jugar solos hasta ser los únicos responsables de sus
deberes y tareas de la escuela.
- Compartir el tiempo. Debemos pasar tiempo con nuestros hijos,
prestándoles toda nuestra atención. Podemos hacer cosas que le gusten y
poco a poco, según vaya creciendo, hacer cosas que nos gusten también a nosotros.
Así fomentamos el compartir intereses y crear vínculos fuertes.
- Negociar y darle a elegir. Las elecciones son importantes para aprender
a ser responsable de uno mismo. Cuando son muy pequeños, podemos dejar que
“elijan” la cena, por ejemplo, con un truco muy fácil: le damos dos
opciones, una que sabemos que no le gusta nada y otra que es la que
nosotros queremos. Cuando son más
mayores, podemos empezar a negociar, siempre teniendo en cuenta hasta
donde estamos dispuestos a llegar como adultos y padres.
- Ser y
mostrarte receptivo a
cualquier cosa que tus hijos te quieran contar, y preguntarle qué es lo que él
opina sobre lo que te está contando.
Muy buen texto. Felicidades.
ResponderEliminar